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NIPPON-TOUR
 escrito por Karini
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Karini
21-10-2004
La antigua religión japonesa
Entrada al Gran Santuario de Ise
Los visitantes cruzan un puente y enfilan por un sendero empedrado hasta un bosque de cipreses donde los espera el sitio más sagrado del Japón: el sagrario del Gran Santuario de Ise.

Aunque se erigió en un sitio donde supuestamente palpita al ritmo de la diosa del Sol, el santuario no tiene nada de pretencioso. Es una construcción de madera con la excepción de un toque de dorado en las vigas superiores. El techo de paja está recubierto de manchones de musgo.

Los visitantes que llegaban a esta ciudad en la costa central del Japón solían ser peregrinos. Hoy prevalecen los turistas. Ofrecen oraciones apresuradas, compran uno o dos amuletos y siguen rumbo a su destino siguiente.

Es el corazón mismo del sintoísmo, la religión nativa de Japón. Tan antigua quizás como la nación misma, Shinto es una rica mezcla de folclor, reverencia por todas las manifestaciones de la naturaleza y por la nación nipona.

Pero decir que uno cree en el sintoísmo casi ha llegado a perder sentido. Para la mayoría de los japoneses el culto se reduce a una pequeña cofradía de religiosos y sus asistentes, la mayoría de los cuales ejerce un oficio heredado. Los japoneses "practican" actualmente el sintoísmo pidiendo deseos en el santuario local o disfrutando de sus festivales de otoño.

Hasta aproximadamente la Segunda Guerra Mundial, una variante especial de sintoísmo sancionado por el estado era el fundamento ideológico sobre el que se construyó la máquina militar japonesa con actitud reverente ante el emperador. Su tratamiento del pueblo japonés como singular y divino, su énfasis en la armonía y su temor arraigado a la impureza siguen siendo una parte integral _aunque no siempre consciente_ de la psique nacional.

Pero despojado de su estatus oficial y empañado por el exceso de militarismo, Shinto lucha por encontrar su lugar en el Japón de posguerra.

Takashizu Sato proviene de un largo linaje de sacerdotes sintoístas.

"Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo... todos mis antepasados hasta las épocas feudales", dijo.

Después de graduarse en la universidad, Sato fue a trabajar para una gran empresa. Pero sintió que necesitaba algo más espiritual y renunció, estudió oraciones y rituales durante un año y pasó a servir en un santuario en la antigua ciudad de Nara. Ahora sirve a la Asociación de Santuarios de Shinto, a la que pertenecen prácticamente todas las organizaciones sintoístas y sus 21.000 religiosos.

Al igual que muchos sacerdotes, vacila en llamar religión al sintoísmo..

"Shinto no tiene escrituras ni fundador", dijo Sato desde la sede central de la asociación en el centro de Tokio. "En ese sentido somos muy distintos a las mayores religiones del mundo".

Pero Shinto no carece de dioses. Se dice poéticamente que su panteón tiene 8 millones de deidades, desde Amaterasu no Omikami (la diosa del Sol) hasta Konohana Sakuya Hime (la diosa del Monte Fuji). Y eso es apenas el comienzo. Se supone que todos los antepasados muertos asumen una estatura semidivina.

Junto con la reverencia por los muertos y el culto de la naturaleza, Shinto se erige en torno de un complejo corpus folclórico, cuyo elemento más famoso explica cómo la familia imperial japonesa desciende de la diosa del Sol. Neutralizar el mal y apaciguar a los dioses son aspectos cruciales del sintoísmo, nada sorprendente en un país sacudido regularmente por terremotos y tifones.

Los sacerdotes por lo general no pronuncian sermones y las congregaciones no se reúnen un día determinado de la semana para orar. Pero Shito tiene un rasgo comunitario muy intenso.

Los festivales en los santuarios son acontecimientos nacionales. Decenas de millones de japoneses visitan sus santuarios locales en los tres primeros días de cada año. Y los 80.000 santuarios del país _no todos con un religioso permanente_ sirven como sitios informales de reunión o lugares de juegos para los niños.

"Es difícil de precisar, pero hay algo en el sintoísmo sumamente fundamental para la mentalidad japonesa", afirmó Sato.

Aun así, los lazos entre Shinto _la fe_ y el japonés promedio se están debilitando.

Las comunidades íntimamente unidas que solían tener santuarios locales están divergiendo. Muchos jóvenes que asisten a los festivales tienen más interés por divertirse que por la religión. Los diminutos altares sintoístas que eran parte integral de todo hogar están desapareciendo gradualmente.

"Seguimos luciendo como japoneses, pero en nuestro interior nos estamos olvidando de lo que significa", dijo Sato. "Es nuestra responsabilidad tratar de revivir lo que nos hace japoneses".

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial en 1945, uno de los papeles oficiales del sintoísmo era conformar el alma nacional.

Era la única religión sancionada por el gobierno, utilizada para encaminar a la nación a la modernización y luego a la militarización. Bajo el Shinto oficial, la divinidad del emperador y el lugar especial del pueblo japonés se convirtieron en dogma oficial.

A instancias de las fuerzas estadounidenses de ocupación después de la guerra, el emperador Hirohito renunció públicamente a la idea de que fuera un dios viviente. Se promulgó una nueva constitución que aseguró la libertad de religión y la separación de la Iglesia y el Estado.
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