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NIPPON-TOUR
 escrito por Karini
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Karini
01-01-2005
Harakiri o Seppuku
Del jap. coloquial hara-kiri, término formado por hara "estómago" y kiri "corte".Así se designa la ceremonia sagrada japonesa, reservada a la clase de los samuráis, en la que éstos se suicidaban por destripamiento durante la etapa feudal. La expresión hara-kiri (literalmente "abrirse el vientre"), se considera vulgar, el término correcto es seppuku.

Orígenes
El origen del seppuku data del período Heian, aproximadamente hacia el año 1.000 a.C. No se ha conservado el nombre del primer hombre que lo hizo pero sí que fue sospechoso de haber desobedecido al emperador. Sabido que uno de los principios básicos del código bushido era la lealtad absoluta al mikado, el que fuera culpable de haber cometido el delito no importaba demasiado; el solo hecho de que se sospechara de él era suficiente para acarrear el deshonor sobre su nombre y su familia durante generaciones, algo que sólo la muerte podría remediar. Así pues, para probar su inocencia, se mató días antes del juicio con sus propias manos.

Durante la etapa Edo, el seppuku fue una de las órdenes oficiales de ejecución. Cualquier noble que recibiera un comunicado del emperador instándole a hacerlo, estaba obligado a cometer seppuku; en caso contrario el deshonor le perseguiría a él y a su familia durante generaciones. El comunicado se acompañaba por lo general de una daga (kaiken) ricamente adornada que tenía que ser devuelta a la casa imperial manchada de sangre, en prueba de que la orden había sido ejecutada.

Se trata, no cabe duda, de un doloroso sistema de suicidio, más aún si se tiene en cuenta que existen muchas otras formas de darse muerte, tales como el veneno, el ahorcamiento o el corte de las venas de la muñeca, que permiten hacerlo sin dolor. Sin embargo, el que el método elegido fuera éste reside en la concepción japonesa de la belleza, gran parte de la cual se encuentra en la capacidad de soportar el dolor. El seppuku era un medio para probar la pureza de corazón y alma de los samuráis (parte del entrenamiento de un samurái era saber cómo y cuándo dar el gran paso del seppuku), pues un auténtico samurái temía más el deshonor y la vergüenza que aquél llevaba consigo que a la propia muerte. Por otra parte, desde tiempos remotos los japoneses pensaban que tanto el alma como el espíritu humano se encontraban en un punto del vientre, denominado hara, situado a unos a dos dedos del ombligo, entre éste y la columna vertebral, en el que se concentra el ki (la energía vital), de ahí que fuera éste el punto elegido para acabar con la vida.

Ritual
El seppuku era un ceremonial mortuorio imbuído de un carácter sagrado, razón por la cual el lugar elegido era muy importante. A menudo, se llevaba a cabo en los templos -aunque no en los santuarios shinto-, pero también podía ser en los jardines de las casas y en el interior de éstas. Las dimensiones del área venían dadas por el rango del samurái.

El acto se llevaba a cabo de una forma muy meticulosa y estaba regido por una rigurosa etiqueta. Para empezar, el samurái que iba a cometer seppuku -cosa que ya tenía decidida- debía escribir un poema de despedida, lo que explica que siempre fueran pertrechados de papel y pluma; por otra parte, había estado ayunando desde al menos el día antes, con el fin de no hubiera nada contenido en su estómago que pudiera esparcirse por el tatami cuando se cortara el vientre. Tenía que contar además, con la presencia de un kaishakunin, un compañero o ayudante, que cortara de un tajo la cabeza del suicida y pusiera fin al procedimiento de manera limpia. A continuación, el samurái, vestido por completo de blanco -el color de la purificación- se sentaba sobre una esterilla (tatami) o estrado recubierto también de una tela blanca, en posición de reposo (seiza), con la espalda derecha, la cabeza recta y las manos sobre las rodillas, para meditar y hacer el vacío total en su espíritu. Enfrente de él se encontraba el arma con que iba a darse muerte, el wakizashi, la espada más corta de las dos que portaban los samuráis -la otra era la katana. Lo siguiente era desnudar el cuerpo hasta la cintura e insertar el puñal en el abdomen para proceder al corte, el cual, al contrario de lo que popularmente se piensa, no implicaba la perforación completa del abdomen. Podía ser en horizontal, pero lo corriente era hacerlo en sentido diagonal, empezando a rajar desde el extremo inferior izquierdo para luego, muy despacio, atravesar el abdomen hacia la derecha y, al llegar a la parte media de éste, ascender suavemente hacia arriba, y finalmente hacia abajo, momento en el cual el kaishakunin decapitaba al samurái.

Las esposas de los bushi o samuráis se suicidaban con un pequeño puñal sin guarda, denominado kaiken, con el que se abrían la garganta en la arteria carótida. Existía también una forma simbólica de seppuku en la que se usaba una espada de madera y no era necesario cortar el abdomen.

Las razones que conducían al seppuku eran de varios tipos: podía suceder que el daimyo ("señor") de un samurái lo hubiera hecho, motivo suficiente para que su servidor le siguiera en la muerte, única forma de resarcir la deuda de lealtad contraída con él, un buen samurái sentiría vergüenza de vivir más tiempo que su señor. Un caso ilustrativo fue el del general Nogi Maresuke y su mujer, que se quitaron la vida tras la muerte del emperador Meiji en 1912, cuando se había abolido el suicidio voluntario. Asimismo, un samurái se practicaba el seppuku si estaba afectado por una enfermedad grave y era evidente que iba a morir, como protesta ante una injusticia o para mostrar su disconformidad con una decisión que considerara inapropiada. También podía ocurrir que el samurái fuera capturado por el enemigo en el campo de batalla y prefiriera matarse antes que ser un prisionero de guerra, caso frecuente durante el conflicto ruso-japonés (1904-05) o la Segunda Guerra Mundial, pero también fue muy corriente que el comandante negociara con su seppuku para salvar las vidas de sus soldados. En la actualidad, y aunque el suicidio está considerado algo deplorable en Japón, no tiene tampoco las connotaciones negativas que tiene en el mundo occidental. Los japoneses todavía se suicidan por una mala racha en los negocios, por problemas amorosos o incluso por haber suspendido los exámenes escolares, pues, en la más pura línea de la tradición antigua, la muerte es considerada mejor que el deshonor.

Digno de mención es el caso del escritor Yukio Mishima, quien se suicidó según este ritual en 1970, la mañana en la que concluyó su último libro, para rebelarse contra una sociedad que consideraba sumida en el más profundo vacío moral y espiritual. Otro caso famoso es el que refleja la epopeya japonesa titulada Los cuarenta y siete ronin de Ako, escrita en el siglo XVII, cuya permanencia en el tiempo se plasma en las numerosas películas, obras de teatro y adaptaciones que ha generado. Los acontecimientos que en ella se narran tuvieron lugar en 1701, cuando Asano, señor de Ako, se hallaba de visita en la corte del shogun, e insultado por un alto dignatario, hirió a éste en un brazo. Esto fue considerado por el shogun como una grave falta contra al etiqueta, así que ordenó a Asano hacerse el seppuku. Con esto, el honor de Asano y su familia quedaba a salvo, pero cuarenta y siete de sus fieles vasallos, ahora convertidos en ronin (es decir, samuráis sin señor), resolvieron por su cuenta lavar con sangre el honor de su amo. Durante dos años aguardaron pacientemente hasta que, por fin, la noche del 14 de diciembre de 1702, entraron dieron muerte al cortesano. El emperador ordenó entonces un seppuku colectivo, lo cual hicieron al amanecer del 4 de febrero de 1703, sobre la tumba de Asano. El pueblo entero, que consideró este acto una prueba suprema de lealtad y valor, los aclamó como mártires y héroes, y sus figuras pasaron a simbolizar el puro espíritu del samurái y sus cualidades, lealtad, valor y honor.