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NIPPON-TOUR
 escrito por Luisinho
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Luisinho
10-06-2011
"En Japón estamos todos aburridos de estar preocupados"

Javier Villar es un arquitecto barcelonés de 33 años que lleva más de siete residiendo en Tokio. El 11 de marzo de 2011 a las 14.46h, la hora en la que se produjo el seísmo, se encontraba en casa en mitad de su clase semanal de japonés. "La segunda sacudida, minutos después, sucedió cuando ya estaba en la calle, en un lugar seguro", explica desde Japón. "Ahora nos damos cuenta de lo afortunados que somos los que al final estamos bien después de todo lo ocurrido", relata.

Han pasado tres meses desde el seísmo. ¿En qué ha cambiado la vida? "Lo que nunca será lo mismo es la visión de los japoneses hacia los extranjeros que se marcharon; aunque nunca se exponga abiertamente -como casi nada en Japón- se nota un cierto resentimiento", explica. "En general la mayoría de extranjeros en Tokio se alejaron inmediatamente después del terremoto y de conocerse el problema de Fukushima. Es curioso pero la mayoría optó por volver a sus países de origen en lugar de simplemente alejarse por unos días al sur o a algún país vecino y esperar a ver cómo se desarrollaban las cosas. Algunos regresaron a Japón a las dos semanas, otros un par de meses más tarde y una pequeña parte no ha vuelto jamás", relata Javier desde su galería, ubicada entre Tokio y Busan, llamada Gallery Shili.

El seísmo ha puesto a los residentes en la ciudad en constante alerta. "Todos nos hemos bajado la aplicación para el móvil que te avisa de la llegada de terremotos con segundos de antelación. Durante las primeras semanas hubo seísmos de magnitud superior a 3 cada diez minutos. Ahora solo uno al día, que es lo normal", asegura.

Fukushima continúa hoy siendo un grave problema en Japón. Tokio se encuentra alejado del perímetro de seguridad de la planta nuclear afectada por el terremoto y posterior tsunami pero entre los residentes en Tokio la situación no está del todo clara. "Cada uno interpreta lo que sucede de forma diferente; hubo incluso un momento en el que se creó cierta rivalidad entre los que creían que no había de qué preocuparse y que todo eran exageraciones y los que seguían alarmados y no comían esto o lo otro. Pero la verdad es que ahora, tres meses después de todo aquello, estamos todos aburridos de estar preocupados", asegura. Javier recuerda, en este sentido, la psicosis generada entre los toquiotas cuando se habló de la existencia de radiación en el agua que abastecía la gran urbe. "Ahí nos dimos cuenta de que el agua es un bien preciado sin el que no podemos hacer nada y también vimos lo afortunados que somos (o éramos, para los que todavía creen que el agua del grifo en Tokio no es de fiar) de que a cualquier hora y en cualquier lugar puedas darle a una palanca y salga agua libre de preocupaciones".

El país se encuentra en pleno proceso de reconstrucción. Desde la óptica de un barcelonés, ¿cómo se valora el espíritu de la sociedad japonesa en esta tarea? "El pueblo japonés está constantemente sufriendo uno u otro desastre natural. El espíritu es de serenidad y de solidaridad. Todo el mundo intenta ayudar como puede, sobre todo con su trabajo. Aunque no exista relación directa con las primeras necesidades a cubrir, cada uno se las ingenia para canalizar sus habilidades y conocimientos al servicio de quien lo necesite. Es admirable", concluye Villar.

Por último, este joven arquitecto barcelonés critica la "excesiva información" proporcionada por el Gobierno japonés en relación -especialmente- a la crisis de Fukushima. "Los informativos parecían más clases ultra sofisticadas de ciencia nuclear avanzada que mundanos telediarios que pudiera entender la gente", explica Piru, que es como le conocen sus amigos. "Han conseguido que la gente evite la información: tremendo", opina.